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Cómo construir un país con futuro

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Miguel Palomino, Director del Instituto Peruano de Economía

El nuevo gobierno enfrenta riesgos importantes, pero también una oportunidad excepcional para recuperar la confianza, impulsar la inversión y convencer a los peruanos de que el país vuelve a tener futuro.

 

¿Cómo construimos al Perú de los próximos cinco años? Por supuesto que cuando pensemos en la respuesta tendremos más que cinco años en mente, o la cosa no tendría mucho sentido, pero comencemos con un periodo completo de gobierno. Esa será una primera gran ventaja del gobierno entrante: que con toda probabilidad podrá contar con cinco años de gobierno, un lujo que el Perú no ha tenido en diez años.

Lógicamente, será necesario apelar a la buena voluntad o, mejor dicho, a la ausencia de mala voluntad, de una masa crítica de ciudadanos con actitud constructiva. Eso nos impone un primer desafío: el Gobierno tendrá que tender puentes para lograr suficiente apoyo a cualquier plan que tenga. No se trata de contentar a todo el mundo (lo que, en nuestra experiencia, llevaría a un desastre), pero sí a los suficientes.

Una vez hecho esto, la tarea fundamental del Gobierno será convencer a los peruanos, sobre todo a los jóvenes, de que el Perú efectivamente tiene futuro. Y no lo digo retóricamente, según una encuesta nacional de Ipsos, el 64% de los jóvenes peruanos de 18 a 25 años quisieran emigrar, lo cual es claramente una señal de alarma. Para la población total, el porcentaje que preferiría emigrar es de 50%, un número demasiado elevado para cualquier país con futuro. Además, aproximadamente un millón de peruanos han emigrado en la última década y cerca de dos tercios de ellos tenían entre 18 y 49 años.

¿Por qué este interés por dejar el país? En una entrevista, Gianfranco Castagnola, presidente de Apoyo, comentó que “en el gobierno de Pedro Castillo se robó mucho… pero lo que más nos robó Pedro Castillo fue el sentido de futuro del país”. La pérdida de la sensación de futuro se debe a la combinación de poca perspectiva de mejora económica, que en la gran mayoría de casos consiste en un empleo mejor remunerado, y la sensación de inseguridad (“lo que tengo lo puedo perder”) que hoy es más apremiante que nunca. El desgobierno total de los últimos años ha contribuido fuertemente a crear ambas sensaciones. Sin embargo, y a pesar de la actitud decididamente antiinversión del gobierno saliente, los precios de los minerales, que son hoy los mayores de la historia, han logrado que la inversión, y consiguientemente el empleo, estén creciendo a tasas comparables a las de los mejores años del país.

Por lo tanto, el Perú se encuentra en una situación que puede ser aprovechada por el nuevo gobierno. Por un lado, la bajísima valla puesta por el anterior gobierno indica que cualquier intento serio de cumplir sus funciones, aunque sea semidecentemente, arrojará resultados notablemente mejores a los esperados por la población, con los consiguientes réditos políticos. Por otro lado, en el campo económico, el cambio hacia una política favorable a la inversión abona sobre terreno fértil y, consecuentemente, se pueden esperar resultados muy positivos sobre el empleo y las remuneraciones. Estos resultados favorables pueden ser el inicio de un círculo virtuoso de mayor inversión, mayor empleo y mayores remuneraciones.

Es cierto que en el primer año del nuevo gobierno se nos viene un fenómeno de El Niño (FEN) muy fuerte, que puede poner limitaciones a lo que el gobierno haga y al crecimiento económico. Sin embargo, esto también ofrece oportunidades de ganar popularidad al gobierno, como lo hizo inicialmente con el gobierno de Kuczynski el FEN de 2017. Claro que para que esto sea duradero se debe percibir que la gestión de enfrentar al FEN es exitosa. Por el lado económico, la mayoría de las proyecciones consideran que el FEN podría restarle hasta un punto porcentual de crecimiento a 2026 y a 2027, además del costo en vidas y sufrimiento. Esto es muy negativo ciertamente, pero aun estas proyecciones apuntan a un crecimiento de más de 3% para ambos años. Al ser un efecto temporal, no debería tener efectos duraderos sobre la economía como un todo.

Es decir, si el Gobierno intenta de buena fe cumplir las funciones que le tocan, resulta difícil imaginar el que le fuera muy mal, sobre todo con los vientos favorables de la economía. Bastaría cuidarse de las bombas de tiempo que está dejando el gobierno saliente que incluyen: la falta de preparación para el FEN; Petroperú al borde del colapso; el gasto público desbocado (en lo que será de gran ayuda el reciente fallo del Tribunal Constitucional) y; el Reinfo, que debe desaparecer a fin de año, pero que nunca lo hace. Sin embargo, todos estos tienen una solución clara o se pueden ir solucionando gradualmente, por lo cual no deberían significar un reto especialmente difícil para un gobierno decidido.

Con esto no quiero decir, como dijo el actual presidente, que gobernar será fácil para la señora Fujimori. Simplemente que la situación actual es inusualmente favorable para quien gobierne con buena intención y decisión. Esto no es algo extraño, sino el estado normal de las cosas (salvo en el Perú de los últimos 10 años) y lo digo porque no me queda claro que haya muchos que piensen así. Ojalá.

En todo caso, de ser cierto lo que expuse, los beneficiarios seremos los peruanos en general, a los que reencontrarnos con relativa paz social y elevado crecimiento económico será el camino para creer, una vez más, en el futuro del país.