La misión Artemis II ha reavivado el interés por los efectos que los viajes espaciales pueden tener en el cuerpo humano, especialmente en los sistemas óseo y muscular debido a la exposición prolongada a la microgravedad.
El primer papa en visitar suelo argelino recorre los vestigios de San Agustín en Annaba y hace un llamado a las autoridades para que el poder se ejerza como un servicio al pueblo y no como dominio.
Durante este tipo de misiones, los astronautas pueden experimentar pérdida de densidad ósea, debilitamiento muscular y alteraciones en el sistema cardiovascular, producto de la ausencia de gravedad que reduce la carga natural sobre el organismo.
La reumatóloga Laia Gifre Sala, del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol de Badalona, profesora asociada de la UAB y vicepresidenta de la Sociedad Española de Investigación Ósea y del Metabolismo Mineral (SEIOMM), señaló el alcance del fenómeno en una entrevista concedida a ConSalud.es:
"En condiciones de ingravidez, como ocurre con los astronautas, se producen cambios a nivel cardiovascular, hormonales (especialmente asociados a ausencia de ritmo circadiano), alteraciones del sueño y en el sistema musculoesquelético", explicó la especialista.
"Se produce una marcada pérdida de masa ósea y de masa muscular (...) Esta pérdida de masa muscular precede a la pérdida ósea, y es más marcada en extremidades inferiores, donde puede alcanzar el 1% por mes", agregó.
Además, los vuelos espaciales también pueden generar otros efectos en la salud, como cambios en el equilibrio, problemas de sueño, alteraciones en la visión y adaptación prolongada del sistema circulatorio al regresar a la gravedad terrestre.
¿Cómo sería la recuperación de los astronautas de Artemis II?
La recuperación tras la exposición al espacio no es inmediata al regreso a la Tierra. El retorno a la gravedad terrestre inicia un proceso lento en el organismo, especialmente en la regeneración de la masa ósea.
En algunos casos, los valores basales pueden tardar entre uno y tres años en recuperarse, y no todos los astronautas logran una recuperación completa.
Durante esta fase, los indicadores del metabolismo óseo también cambian: "Tras el aterrizaje a la Tierra, los marcadores de resorción disminuyen de forma rápida, mientras que los marcadores de formación aumentan al inicio y tienden a normalizarse a los 6 meses", detalló Gifre Sala.
Aunque los astronautas mantienen rutinas diarias de ejercicio físico intenso dentro de las estaciones espaciales, estas medidas no son suficientes para reproducir la carga de peso que el cuerpo experimenta en condiciones de gravedad terrestre.
En algunos estudios, el uso de bisfosfonatos orales, combinado con ejercicio físico, se ha asociado a una menor pérdida de masa y calidad ósea durante estancias prolongadas en el espacio.
También se han evaluado compuestos como la osteoprotegerina y tratamientos anti-esclerostina en modelos experimentales, con resultados positivos en el incremento de la masa ósea bajo condiciones de ingravidez.
Las investigaciones vinculadas a Artemis II buscan reforzar el conocimiento sobre la adaptación del cuerpo humano al espacio, de cara a futuras misiones de mayor duración fuera de la órbita terrestre.
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