En el escenario más visto del planeta, Bad Bunny eligió ir a contracorriente. Mientras el Super Bowl suele ser sinónimo de brillo, artificio y dramatismo visual, el artista apareció vestido de blanco y tonos crema, con una estética contenida que convirtió su atuendo en una declaración silenciosa, pero poderosa.
El artista puertorriqueño convirtió el escenario más visto de la televisión estadounidense en el marco de un matrimonio real, celebrado ante más de 125 millones de espectadores durante su histórica presentación en el Super Bowl.
El conjunto —diseñado por Zara— estuvo compuesto por camisa con corbata, jersey de inspiración deportiva con el número 64, pantalones chinos y tenis blancos. La elección sorprendió no solo por su sobriedad, sino por tratarse de una marca accesible, en contraste con las casas de lujo que suelen dominar este tipo de escenarios.
El blanco no fue un gesto casual. En la narrativa estética de Bad Bunny, este color ha funcionado históricamente como símbolo de limpieza visual, pausa y control.
En un espectáculo marcado por el movimiento y la euforia, el atuendo permitió que el baile y el mensaje, no se centrara en el exceso del vestuario.
Su look fue obra de sus colaboradores habituales, Storm Pablo y Marvin Douglas Linares, quienes han acompañado al cantante en la construcción de una imagen coherente, donde la moda no disfraza al artista, sino que amplifica su identidad.
Inditex (corporación a la que pertenece Zara) no ha hecho comunicación oficial al respecto, pero El País de España pudo confirmar que este lunes ocurrió un gesto interno poco habitual. En la sede central del grupo en Arteixo, todos los trabajadores encontraron sobre sus escritorios una camiseta inspirada en el diseño que Bad Bunny lució durante el Super Bowl, con el mismo número impreso en el frontal, acompañada de una tarjeta de agradecimiento firmada por el propio Bad Bunny.
El reloj que usó la estrella latina. Como único acento de lujo, Bad Bunny, de 31 años, llevó un reloj Royal Oak de Audemars Piguet, en oro amarillo con esfera de malaquita. El accesorio cuesta poco más de 70 mil euros.
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