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Dejan morir el Campo de Marte

“Las mejores ciudades del mundo han demostrado que es posible renovar grandes parques fortaleciendo su biodiversidad, mejorando accesibilidad y ampliando beneficios ambientales”.

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campo de marte
(foto: ANDINA)
Fecha actualización:
17/05/2026 - 08:00
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El Campo de Marte es quizá uno de los espacios verdes más emblemáticos de Lima. Ubicado en Jesús María y sede del aeropuerto y el hipódromo, hoy este parque es un pulmón en una ciudad tan hostil como la nuestra. Conociendo cómo las autoridades “trabajan”, no es de sorprender que los vecinos y vecinas hayan estado recelosos luego del anuncio de que se iban a iniciar obras de remodelación.

Por años hemos escuchado una falsa dicotomía entre proteger el patrimonio histórico y natural o renovar la ciudad. Como si cuidar un parque histórico implicara dejarlo congelado en el tiempo o como si remodelar significara inevitablemente destruirlo. Lamentablemente, nuestros alcaldes no entienden que puedes mejorar un espacio público sin destruirlo, sin desnaturalizar sus funciones, sin acabar con su espíritu. El debate reciente alrededor del Campo de Marte nos obliga a preguntarnos algo más importante: ¿cómo transformamos con respeto?

Las denuncias vecinales alrededor de las obras actuales son preocupantes. Un comité técnico reporta ausencia inicial de presupuesto para riego y protección de árboles durante la ejecución de la obra, deficiencias en la supervisión ambiental, falta de inventario forestal completo y daños a raíces por excavaciones. También alertan sobre árboles deteriorados y sistemas de riego insuficientes. Es una vergüenza que maltraten de esta manera el Campo de Marte.

Las mejores ciudades del mundo han demostrado que es posible renovar grandes parques fortaleciendo su biodiversidad, mejorando accesibilidad y ampliando beneficios ambientales. La clave está en entender que el árbol no es un obstáculo para la obra; es parte esencial de ella. Además, el Campo de Marte no es cualquier espacio verde. Es memoria colectiva, pulmón urbano y refugio climático en una ciudad cada vez más caliente. Su valor trasciende el paisaje: forma parte de nuestra infraestructura de salud física y mental.

Hay que preguntarnos cuáles son los estándares que como sociedad exigimos para intervenir nuestros espacios públicos y cómo garantizar que las obras, si son necesarias, se hagan apropiadamente. Renovar bien implica reconocer que el patrimonio natural no es el costo del progreso, sino una condición para alcanzarlo. Se debe entender que regar los árboles y áreas verdes es una inversión, mientras que dejarlos morir es
un crimen.

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